miércoles, 5 de noviembre de 2008

Waiting for a factory girl...

Fue aquella mañana en la que se acercó a jugar por primera vez en el jardín de infantes de la calle Sarmiento. Ya desde lejos observaba como surgían desde sus zapatillas blancas de abrojos, unas cortas y regordetas piernas que sostenían un torso de contextura similar al de un pequeño tonel del que se extendían un par de brazos rellenos y macizos.
Por lo general, vestía el uniforme de bermudas azules con bolsillos, en donde guardaba centenares de caramelos masticables para convidar. En combinación con los bermudas, el bordado del escudo también azul, sobresalía del fondo blanco de la chomba ajustada. A seguir, del cuello de la remera asomaba su corto cuello con una tierna papada rosada y recién allí, aparecía su cara redonda que a menudo portaba una estrecha sonrisa de pequeños dientes.
La acompañaba el fulgor de un valioso optimismo liderado por sus golosos ojos celestes, hundidos en sus respectivas cuencas y más arriba, su frente lustrosa evidenciaba el calor del verano. Enmarcados por un cabello rubio y luminoso recogido en dos simpáticas colitas, solían destacarse sus cachetes como cerezas y en medio una pequeñísima nariz respingada contemplaba el aula espectante.

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¿Disfrutaron su primer día de jardín?

Yo sí.

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