lunes, 24 de noviembre de 2008

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.




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Julio Cortazar en "Rayuela"

jueves, 13 de noviembre de 2008

El ave que queda, vuela

-En realidad no estoy enojada con ellos. Son sólo varones.
-Sólo varones –repitió su abuelo como un eco.
-Me toman el pelo todo el tiempo.
-Si gastan tanto tiempo con vos, deben de considerarte interesante.
-Ojalá tuviera una lengua realmente incisiva, como Jessica. Pero nunca se me ocurre nada para decir.
-A veces es mejor no decir nada.
-Ya lo sé, ¿pero cuáles son esas veces? Montones de veces abro la boca cuando tendría que haberla mantenido cerrada y otras no digo nada cuando debería haber hablado claramente.
-Con del tiempo aprenderás cuándo hacer qué.
-Claro, y por entonces me conocerán como ¨Estúpida¨. (…) Al menos Pedro no cree que sea estúpida –dijo riéndose
-Eso es porque te conoce mejor que esos chicos –respondió su abuelo. (…)


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Lipman, Matthew, "Lisa", cap. 10, episodio 24, Manantial, Buenos Aires, 1999, p. 126

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Waiting for a factory girl...

Fue aquella mañana en la que se acercó a jugar por primera vez en el jardín de infantes de la calle Sarmiento. Ya desde lejos observaba como surgían desde sus zapatillas blancas de abrojos, unas cortas y regordetas piernas que sostenían un torso de contextura similar al de un pequeño tonel del que se extendían un par de brazos rellenos y macizos.
Por lo general, vestía el uniforme de bermudas azules con bolsillos, en donde guardaba centenares de caramelos masticables para convidar. En combinación con los bermudas, el bordado del escudo también azul, sobresalía del fondo blanco de la chomba ajustada. A seguir, del cuello de la remera asomaba su corto cuello con una tierna papada rosada y recién allí, aparecía su cara redonda que a menudo portaba una estrecha sonrisa de pequeños dientes.
La acompañaba el fulgor de un valioso optimismo liderado por sus golosos ojos celestes, hundidos en sus respectivas cuencas y más arriba, su frente lustrosa evidenciaba el calor del verano. Enmarcados por un cabello rubio y luminoso recogido en dos simpáticas colitas, solían destacarse sus cachetes como cerezas y en medio una pequeñísima nariz respingada contemplaba el aula espectante.

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¿Disfrutaron su primer día de jardín?

Yo sí.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Fue la claridad que lo encegueció III

Como prometí, veremos dos importantes críticas a la teoría gnoseológica de Hume.
En primer lugar explicaré la crítica interna. ¿Es posible que no exista el yo, o más aun considerar que es una ficción o el resultado de una suposición (asociación de ideas)? Hume respalda su teoría en el hecho de que somos un ¨haz de sensaciones¨o conjunto de manifestaciones. Pero si en caso de que fuéramos dicho conjunto de manifestaciones, debería existir alguien ante quien se manifestasen. Por lo tanto, toda manifestación supone un yo y de este modo ese yo tampoco puede ser meramente un conjunto de manifestaciones porque debería también manifestarse ante alguien construyendo una cadena infinita. Concluyo entonces, que el yo es una condición posibilidad de toda manifestación ya que el yo no es fruto de la costumbre sino la condición para que exista esa costumbre.
Ahora abordaré la crítica externa desde el punto de vista del yo mediado. Dado que Hume disuelve al hombre en la exterioridad de sus manifestaciones, pone en evidencia que el hombre es igual a los otros seres. Pero el hombre como tal tiene una prioridad ontológica y de este modo, se produciría una naturalización del yo. Es decir, pone al hombre como un sujeto pasivo enfrentado al mundo como objeto. Sin embargo, ¿no es el hombre un ser-en-el-mundo? Jamás podría hablarse del mundo como objeto, dado que el hombre es en el mundo. Lo conforma porque lo comprende y habita en él y por este motivo, no tenemos impresiones simples y neutras desde el exterior sino un mundo humano formado por las relaciones intersubjetivas. En fin, "comprender es percibir desde un mundo, es decir, interpretar. Nunca primariamente se le presentan las cosas como materia neutra, uniforme. Las cosas se le presentan con sentido".

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Hume, David, "De la identidad Personal", Tratado de la naturaleza humana, Ediciones Orbis SA Hyspamerica, pp. 397-414

Hume, David, Secciones segunda, tercera, cuarta y quinta, Investigación sobre el conocimiento humano, Biblioteca Nueva, pp. 77-81