domingo, 26 de abril de 2009

El mate


El mate no es una bebida.
Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida.
En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se siente grande. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates.
La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde: 'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin
mayores pretensiones que compartir.




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Me pareció lindo para compartír.

domingo, 19 de abril de 2009

Imagery

His heart jittered desperately struggling to escape his ribcage as blood running through his veins flooded his head with confusing thoughts. Yet, he let his body drift away as he gazed down on her, listening to the tune dancing between their eyes.

Holding him close with her frigile hands, she floated away quietly to the rhythm of a breath taking cadence. Looking back up at him, she met his brown eyes as the thick, sweet air pressed hard against her chest.

Entangled feelings gushed through both their minds, but for now, they could not spare the moment; there and then, even a hundredth of a second would have felt as wasted time…

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by me.

domingo, 5 de abril de 2009

The mirror puzzle

"Do you have any idea what having your face on the front cover of Voge does for the ego? It seriously undermines it. I knew - as all models know - that I didn't really look like the image on the magazine cover because, like all good models, I knew how to manipulate my body to its best advantage. It's an illusion - the public never see the real person. They see the fantasy, and it's the fantasy they admire and fall in love with: the photograph, the image someone has spent hours getting together. You know that in the flesh you can never live up to it. You play the game and do the things, but when you walk out of that studio you've left the image behind. Then you have to do the hair and put on the full makeup every day so that people don't see behind the illusion. The more successfull you are as a model, the more insecure you may become, preocupied with your imperfections. When you look at other models all you see is their perfection so you ar constatly with people who, you think, are far more atrractive than you."
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op. cit.