lunes, 3 de noviembre de 2008

Fue la claridad que lo encegueció III

Como prometí, veremos dos importantes críticas a la teoría gnoseológica de Hume.
En primer lugar explicaré la crítica interna. ¿Es posible que no exista el yo, o más aun considerar que es una ficción o el resultado de una suposición (asociación de ideas)? Hume respalda su teoría en el hecho de que somos un ¨haz de sensaciones¨o conjunto de manifestaciones. Pero si en caso de que fuéramos dicho conjunto de manifestaciones, debería existir alguien ante quien se manifestasen. Por lo tanto, toda manifestación supone un yo y de este modo ese yo tampoco puede ser meramente un conjunto de manifestaciones porque debería también manifestarse ante alguien construyendo una cadena infinita. Concluyo entonces, que el yo es una condición posibilidad de toda manifestación ya que el yo no es fruto de la costumbre sino la condición para que exista esa costumbre.
Ahora abordaré la crítica externa desde el punto de vista del yo mediado. Dado que Hume disuelve al hombre en la exterioridad de sus manifestaciones, pone en evidencia que el hombre es igual a los otros seres. Pero el hombre como tal tiene una prioridad ontológica y de este modo, se produciría una naturalización del yo. Es decir, pone al hombre como un sujeto pasivo enfrentado al mundo como objeto. Sin embargo, ¿no es el hombre un ser-en-el-mundo? Jamás podría hablarse del mundo como objeto, dado que el hombre es en el mundo. Lo conforma porque lo comprende y habita en él y por este motivo, no tenemos impresiones simples y neutras desde el exterior sino un mundo humano formado por las relaciones intersubjetivas. En fin, "comprender es percibir desde un mundo, es decir, interpretar. Nunca primariamente se le presentan las cosas como materia neutra, uniforme. Las cosas se le presentan con sentido".

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Hume, David, "De la identidad Personal", Tratado de la naturaleza humana, Ediciones Orbis SA Hyspamerica, pp. 397-414

Hume, David, Secciones segunda, tercera, cuarta y quinta, Investigación sobre el conocimiento humano, Biblioteca Nueva, pp. 77-81

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