miércoles, 13 de mayo de 2009

Chica

Lavá la ropa blanca el lunes y apilala; lavá la ropa de color el martes y colgala en el tendedero para que se seque; usá un sombrero para caminar bajo el sol; cociná los buñuelos de acelga en aceite bien caliente y dulce; cuando compres algodón para hacerte una blusa, asegurate de que esté prelavado, de lo contrario se te podría deformar después del primer lavado; deja el pescado de mar en remojo durante la noche antes de cocinarlo; ¿es cierto que cantas canciones de cumbia cuando vas a la parroquia?; siempre comé de manera que los demás no se sientan disgustados al verte; los domingos intentá caminar como una dama, no como la atorranta que sos; no cantes canciones de cumbia en la parroquia; no hables con atorrantes, ni siquiera para preguntarles la hora; no comas cuando caminas por la calle, y ni se te ocurra tirar los papeles al suelo; pero yo no canto canciones de cumbia los domingos, y menos que menos en la parroquia; así deberías coser un botón; así deberías hacer el ojal para el botón que acabas de coser; así deberías coser el dobladillo de tu pollera cuando veas que se empieza a descoser para evitar quedar como la atorranta en la que seguramente algún día te convertirás; así tenés que planchar las camisas del trabajo de tu papá para que no tengan arrugas; así tenés que planchar los pantalones del trabajo de tu papá para que no tengan arrugas; así tenés que plantar la albaca – y regarla todos los días para que no se muera; cuando plantes la madre selva, asegurate de que sea cerca del cerco; de esta manera tenés que barrer los rincones; de esta manera tenés que barrer la casa entera; de esta manera tenés que barrer el patio; de esta manera tenés que sonreírle al que te caiga mal; de esta manera tenés que sonreírle al que te caiga muy mal; de esta manera tenés que sonreírle al que te caiga muy bien; así tenés que poner la mesa para el té; así tenés que poner la mesa para la cena; así tenés que poner la mesa para la cena cuando venga un invitado importante; así tenés que poner la mesa para el almuerzo; así tenés que poner la mesa para el desayuno; así tenés que comportante en la presencia de hombres que no te conocen muy bien, para que no se den cuenta de lo atorranta que sos (y que te avisé que serías); bañate todos los días, aunque tengas que hacerlo con tu propia saliva; no te agaches para jugar a las bolitas – no sos un varón, sabés; no arranques las flores de los vecinos; no le tires piedras a los gorriones porque quizá no sean gorriones después de todo; así tenés que cocinar el budín de pan; así tenés que cocinar el biscochuelo; así tenés que cocinar las empanadas; así tenés que prepararte el té cuando te sientas mal; así tenés que confrontarte con un hombre; así te confrontará un hombre; así tenés que amar a un hombre, y si no funciona hay otros métodos, y si esos métodos no funcionan no te preocupes; así tenés que escupir para arriba si tenés ganas, y así tenés que moverte para que no te caiga encima; siempre apretá el pan para ver si está fresco; ¿y si el panadero no me deja tocar el pan?; ¿me querés decir que después de todo vas a ser el tipo de mujer a la que el panadero no va a dejar cerca del pan?

domingo, 26 de abril de 2009

El mate


El mate no es una bebida.
Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida.
En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'.
Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se siente grande. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.
Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates.
La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde: 'Como tomes vos'.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres. Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí. El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera. Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez un mate solo. Pero debe haber sido un día importante para cada uno.
Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin
mayores pretensiones que compartir.




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Me pareció lindo para compartír.

domingo, 19 de abril de 2009

Imagery

His heart jittered desperately struggling to escape his ribcage as blood running through his veins flooded his head with confusing thoughts. Yet, he let his body drift away as he gazed down on her, listening to the tune dancing between their eyes.

Holding him close with her frigile hands, she floated away quietly to the rhythm of a breath taking cadence. Looking back up at him, she met his brown eyes as the thick, sweet air pressed hard against her chest.

Entangled feelings gushed through both their minds, but for now, they could not spare the moment; there and then, even a hundredth of a second would have felt as wasted time…

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by me.

domingo, 5 de abril de 2009

The mirror puzzle

"Do you have any idea what having your face on the front cover of Voge does for the ego? It seriously undermines it. I knew - as all models know - that I didn't really look like the image on the magazine cover because, like all good models, I knew how to manipulate my body to its best advantage. It's an illusion - the public never see the real person. They see the fantasy, and it's the fantasy they admire and fall in love with: the photograph, the image someone has spent hours getting together. You know that in the flesh you can never live up to it. You play the game and do the things, but when you walk out of that studio you've left the image behind. Then you have to do the hair and put on the full makeup every day so that people don't see behind the illusion. The more successfull you are as a model, the more insecure you may become, preocupied with your imperfections. When you look at other models all you see is their perfection so you ar constatly with people who, you think, are far more atrractive than you."
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op. cit.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Wonderful Tonight

[...] While he waited for me he was in the sitting room, fiddling with his guitar. He went through phases in listening to music and at that time he liked a country singer called Don Williams. We talked about how beautifully simple his lyrics were, each song telling a story about every day happenings. Eric had been thinking of writing something similar and had already worked on some music for it. Suddenly, as I was flinging dresses on and off, inspiration struck. When I finally got downstairs and asked the inevitable question, "Do I look all right?" he played me what he'd written:

It's late in the evening; she's wondering what clothes to wear.
She puts on her makeup and brushes her long blonde hair.
And then she asks me, "Do I look all right?"
And I say, "Yes, you look wonderful tonight"


It was such a simple song but so beatuful and for years it tore at me. To have inspired Eric, and George before him, to write such music was so flattering. Yet I came to believe that although something about me might have made them put pen to paper, it was really all about them.

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Boyd, Patty and Junor, Penny, Wonderful Tonight, Eric, Hedline Review, UK 2008, pp. 196-197

Layla

[...]standing at the side of the stage night after night, amplifiers booming, lights up, music exploding in my head and vibrating through every part of me, was a n incredible sensation- deeply sexy. For the first time I undesstood what a high musicians get when they're in front of a stadium full of fans, adrenalin pumping. An looking out at the thousands of screaming, waving, swooning people who had come to see Eric, my Eric, and seeing their reaction every time he played the opening chords of the song he had written for me was mind blowing. They went mad. At the end when the band left the stage and everyone was calling for an encore, the audience would hold up candels or lighters, and watching twenty thousand flames sent shivers down my spine.


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Boyd, Pattie with Junor, Penny, Wonderfull Today, Eric, Hedline Review, UK, 2008, pp. 181-182