
Arrastraba la delantera; la siete y la cuatro ya estaban adentro y la cinco estaba en perfecta alineación para su próximo tiro. La tenue luz rojiza dejaba entrever los contornos de algunas siluetas y los murmullos se fusionaban con una melodía blusera y un aire turbio de humo. Dio unos pasos hacia atrás alejándose del foco de luz, extrajo un cigarrillo del bolsillo de su saco y lo prendió mientras esperaba atento su turno. Tras la señal de su adversario, rodeó la mesa hasta enfrentarse a la blanca y se agachó revelando entre los claroscuros de un único foco de luz, rasgos bien definidos en un rostro pálido y terso a su vez enmarcado por un cabello lacio y oscuro. Tomó el taco con la mano izquierda, estiró el brazo derecho hacia delante. Sus ojos oscuros se movían de la blanca a la cinco y de la cinco a la blanca midiendo cuidadosamente su próximo tiro. Sentía un calor brotar de su cuello que inundaba sus mejillas con un tinte color rosado y sus manos ya transpiradas comenzaban a incomodarle. Cerró los ojos para volverlos a abrir y finalmente efectuar el tiro: la blanca golpeó a la cinco que rebotó contra la banda golpeando la doce que quedó balanceándose en el límite de ser entronerada...

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